Superhevvy nació de una obsesión concreta: entender por qué ciertos carteles funcionan a diez metros y otros se desarman a dos. Detrás de cada taller, cada archivo tipográfico y cada muro de proyectos hay un criterio que no cambia con las modas: la jerarquía se decide antes de elegir la fuente, el contraste se mide en proporciones de área y el blanco roto no es un fondo, es una decisión de composición. Esta página reúne los principios que guían el trabajo del estudio, las personas que los sostienen y la historia de cómo llegamos a trabajar la tipografía como un problema de estructura y no de decoración.
No somos un estudio de tendencias ni un catálogo de plantillas. Somos un grupo pequeño que lleva años discutiendo tipografía, midiendo contrastes y corrigiendo composiciones hasta que la pieza respira. Esta página cuenta de dónde venimos, cómo decidimos y para quién tiene sentido sentarse con nosotros a trabajar.
Superhevvy nació como un taller de fin de semana entre personas que venían del diseño editorial impreso y del trabajo con señalética. La primera obsesión fue la misma que hoy: entender por qué un cartel se lee a diez metros y otro se desarma a dos. De ahí salió el archivo tipográfico que todavía alimenta los ejercicios de composición.
Trabajamos con quienes necesitan resolver jerarquía, escala y contraste en formatos grandes: carteles, portadas, señalética interior, piezas de exhibición. También con estudiantes que llegan con nociones sueltas de tipografía y quieren ordenarlas. No pedimos portafolio previo, pero sí ganas de revisar el propio trabajo sin defenderlo de entrada.
En cada taller empezamos por el plano: qué se ve primero, qué se ve después, qué puede desaparecer. Recién entonces entramos en familias tipográficas, pesos y caja. La paleta se contiene a propósito: blanco roto como base, grafito para estructura y naranja mexicano como señal, nunca como decoración. Si el color no cumple una función, se va.
Damos retroalimentación concreta sobre lo que está en la mesa, no sobre lo que podrías llegar a ser. Preferimos una pieza honesta con márgenes discutibles antes que una composición prolija pero vacía. En las sesiones se boceta, se imprime, se pega en la pared y se mira de lejos. Ahí aparecen los problemas reales de escala.
Lo que empezó como un cuaderno de variaciones tipográficas se convirtió en taller gráfico, archivo, muro de proyectos y biblioteca visual. Cada ciclo deja material nuevo: bocetos descartados, versiones intermedias, notas de proceso. Publicamos parte de eso porque el camino suele enseñar más que el resultado final colgado en una pared.
Si algo de esto resuena con cómo trabajas, la conversación empieza por una pieza tuya y una pregunta simple: ¿qué querías que se leyera primero?
Los talleres de Superhevvy no se construyen en aislamiento. Cada programa se apoya en espacios, archivos y oficios que comparten nuestra manera de entender la tipografía: como estructura, no como adorno. Estas son las colaboraciones que sostienen el trabajo cotidiano del taller.
Taller de impresión tipográfica en Guadalajara. Nos abren sus prensas para las sesiones de composición manual y para las pruebas de escala en formatos grandes. Buena parte del archivo de tipos móviles que usamos en clase viene de su catálogo.
Colección de carteles mexicanos de mediados de siglo. Su material sirve como punto de partida para los ejercicios de análisis visual: proporciones, retículas, decisiones de color que todavía se sostienen. Acceso abierto para estudiantes del programa.
Diseñadores de identidad y publicaciones independientes. Colaboran en la revisión de proyectos finales y en las clínicas de portafolio. Su mirada ayuda a separar lo que funciona en pantalla de lo que aguanta impresión.
Proveedor local de papeles y sustratos. Nos permiten probar gramajes, texturas y acabados antes de comprometer una tirada. Es también donde muchos egresados imprimen sus primeras piezas por encargo.
Grupo de cartelistas del norte del país. Intercambiamos lecturas, ejercicios y críticas de trabajo en curso. Sus convocatorias abiertas son una salida natural para quienes terminan el taller de póster.
Superhevvy no funciona como una escuela con departamentos separados. Es un grupo reducido de personas que revisa cada entrega, discute jerarquías tipográficas en voz alta y vuelve sobre la misma pieza hasta que la escala y el contraste se sostienen. Aquí están los nombres, los roles y lo que cada uno mira con más atención cuando corrige una composición.
Coordina los programas y define el orden de los ejercicios: primero retícula, después escala, luego color. Revisa composiciones de gran formato y suele insistir en que un cartel se lea desde lejos antes de discutir cualquier detalle de estilo.
Mantiene el archivo tipográfico de la academia y arma las comparativas entre familias, pesos y cajas. Su trabajo se nota en los ejercicios de jerarquía, donde obliga a justificar cada cambio de cuerpo con una razón de lectura y no con gusto personal.
Se ocupa de la relación entre grafito y naranja mexicano dentro de las piezas. Analiza proporciones de área, dónde conviene el acento y cuándo el blanco roto necesita quedarse quieto. Da seguimiento a los pósters que pasan por varias versiones.
Cuida el muro de proyectos y el portafolio: selecciona qué piezas se publican, en qué orden y con qué notas de proceso. También documenta los bocetos descartados, porque considera que las decisiones intermedias explican mejor un cartel que el resultado final.
Organiza la biblioteca visual y las lecturas de análisis. Propone referencias de composición editorial, prepara las sesiones de crítica grupal y lleva registro de cómo evoluciona cada participante a lo largo del taller.
Si quieres conocer el criterio de trabajo antes de inscribirte, revisa los principios que guían cada ejercicio.
Ver los principios del taller